compartir a tu mujer

Amistades que comparten el postre y algo más en la cama

Es toda una suerte de tener una mujer para compartir la vida personal y nuestra vida sexual, pero qué pasa cuando el aburrimiento se instala en nuestro día a día. Vamos a ver: no tienes que buscar demasiado, seguro muchas veces te has calentado cuando en alguna cena tu mujer que es discreta y viste bien, le ha puesto ojo a ese amigo soltero y guapetón que por cierto últimamente se muestra bastante amable con ella.

Los has visto caminar juntos a la cocina y tener aunque sea un insignificante momento de intimidad para que ellos puedan expresar de forma civilizada sentimientos mutuos donde solo son capaces ellos de intervenir, sin que tú te pongas celoso como un cavernícola. Sí. Imaginarlos a los dos tocándose en secreto es algo que pone. Excita. Tener en cuenta que eso no es lo mismo a enterarte que ella te ha traicionado con su jefe, pero muchas veces cuando la has visto coquetear con un desconocido en la calle la has deseado más.

Ocurre porque la desea otro. Porque sabes que ese otro desearía ser tú. Y tú te transformas en él, en parte. Y eso te motiva. En el caso de tu amigo, te motiva que a tu linda mujer le guste hablar de él. Que si llama por teléfono se quede embobada hablando con él, sonriéndole y hasta invitándole a casa porque sabe que a vosotros, los amigos, os vendrá muy bien veros. El amigo que es muy guapo y tiene a muchas niñas loquitas, es puntual, viste bien. Trae un postre que tu mujer recibe con manos esmeradas y llenas de agradecimiento.

Dos manos que tocan las de tu amigo que es todo un desperdicio, te lo ha dicho varias veces ella. Sí. Ya lo sabes. A ella le gusta. La idea de ir más allá le ha pasado por la cabeza mientras se ducha, en ningún caso como algo posible de hacer real. Antes preferiría acostarse con un desconocido que dañar tu amistad. Ahora bien, te gusta dejarlos solos un momento durante las cenas que cada vez se hacen más frecuentes en tu casa. Y tus idas y vueltas de la cocina a la mesa son más prolongadas. Y los vez a ellos más cercanos, más próximos y te interesa. Lo deseas. Solo hace falta dar el paso. Ese paso que muchos reprimen porque su sentido de la moral les impide ir más allá.

No es, por suerte, vuestro caso. Ya lo has notado. Así que te decides a salir de casa con la idea de comprar más bebida. Vuelves. Los notas silenciosos como si él fuera un cura y ella la jovencita que confesó todos sus pecados. Vas a la cocina y desde ahí la llamas a tu mujer y le dices que has notado que entre tu amigo y ella pasa algo que te gusta y que quieres que siga pasando. A ella le sorprenderá tu naturalidad. Entonces deberás decir que ya lo hablaste con él y a él, que ya lo hablaste con ella. ¿La amistad acaso no lo comparte todo? No olvidéis comeros el postre.